El sacerdote Adrián Ríos Bailón, canónigo de la Catedral de Sevilla y párroco de San Juan Pablo II, pronunció el LIII pregón de Valme, en el que abrió su corazón para compartir el amor y la devoción que siente por la Protectora de Dos Hermanas. Una relación espiritual que, según expresó durante su intervención, ha ido creciendo con el tiempo y que ha encontrado en la preparación del pregón una nueva oportunidad para profundizar en su vínculo con la Virgen.
«Eres tan pequeña, pero tan inmensa». Con esta afirmación, el pregonero condensó una de las grandes paradojas de la devoción a Valme: la de una imagen de reducidas dimensiones capaz de suscitar un amor que supera fronteras y distancias. A lo largo de su discurso, Adrián Ríos quiso resaltar cómo la Virgen acompaña, inspira y conquista el corazón de quienes se acercan a ella.
El pregón trazó, además, un puente entre el centro de Dos Hermanas, el distrito de Quinto y la ciudad de Sevilla, tres lugares vinculados a la historia personal del sacerdote y a distintas expresiones de la devoción mariana. En este recorrido, destacó especialmente la presencia de la Virgen de Valme en Montequinto, donde su devoción ha encontrado un espacio desde el que seguir creciendo.
Para expresar esa capacidad de la Protectora de llegar a nuevos lugares y corazones, el sacerdote dedicó a la Virgen una habanera, género musical característico de Cuba. Con esta interpretación estableció un paralelismo con otras grandes devociones marianas, como la de la Macarena, subrayando la universalidad de un amor que no queda limitado al lugar de origen de una imagen.
Un pregón desde la experiencia espiritual
Presentado por Jesús Linero, Ríos reconoció que quizá algunos asistentes no lo conocieran y que no podía hablar de la romería desde la experiencia de haber recorrido tradicionalmente el camino, ni evocar las vivencias de los romeros de antaño. Sin embargo, sí podía compartir su propia relación con la Virgen, sus vivencias espirituales y la manera en que ha sentido su presencia a lo largo de su vida, especialmente desde su nombramiento como pregonero.
En su proclama hubo también espacio para el recuerdo y la emoción. El sacerdote dedicó unas palabras a María Luisa Díaz, camarera de la Virgen de Valme fallecida meses atrás, cuya ausencia se hace especialmente presente para los devotos en estas fechas. Asimismo, tuvo un recuerdo para la madre del alcalde, Paco Rodríguez, fallecida pocos días antes.
La devoción a Valme se encontró también con otra de las grandes referencias marianas de Sevilla: la Virgen de los Reyes. El pregonero estableció un paralelismo entre ambas advocaciones, poniendo de relieve sus diferentes formas de expresar un mismo amor a María.
«Sevilla tiene a los Reyes; Dos Hermanas, a Valme. Una es regia; la otra, una hermosa flor. Una protagoniza una procesión; la otra, una romería», expresó. Una comparación que culminó con una declaración personal de especial significado: «Mi devoción son las dos».
La música y la comunidad parroquial, protagonistas del pregón
La música ocupó un lugar destacado. El propio pregonero cantó en distintos momentos y contó con la participación del sacerdote Manuel Chaparro, del Coro de Valme, del coro parroquial y de varios feligreses de San Juan Pablo II, que acompañaron al párroco en esta experiencia y contribuyeron a dar al acto un marcado carácter comunitario.
Su presencia puso de manifiesto la implicación de la comunidad parroquial en un acontecimiento que el sacerdote vivió no solo como una responsabilidad personal, sino también como una oportunidad para compartir su fe y su devoción con los demás.
Con información de ABC Sevilla
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