III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)| Se estableció en Cafarnaún, para que se cumpliera lo dicho por Isaías

Homilía del 25 de enero 2026

En este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos habla con un mensaje muy claro: Dios entra en nuestra oscuridad con su luz, nos llama a la unidad y nos invita a una misión más grande. En la primera lectura, del profeta Isaías, escuchamos palabras dirigidas a un pueblo que vivía con miedo. Las regiones de Zabulón y Neftalí habían sufrido invasión, humillación y dolor. Isaías no esconde el sufrimiento del pueblo. Lo dice con honestidad. Pero en medio de esa oscuridad, Dios hace una promesa: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.”

Esta luz no es solo claridad. Es la presencia salvadora de Dios. Dios promete alegría, libertad y dignidad. No por el poder humano, sino por su misericordia. Cuando todo parece perdido, Dios actúa.

En la segunda lectura, san Pablo habla de otra oscuridad: la división dentro de la comunidad cristiana. Los cristianos de Corinto estaban divididos. Algunos seguían a Pablo, otros a Apolo, otros a Pedro. San Pablo les hace una pregunta fuerte: “¿Está dividido Cristo?”

Él les recuerda que nuestra fe no se basa en personas o líderes, sino en Cristo crucificado. La unidad nace cuando Cristo está en el centro de nuestra vida.

En el Evangelio, Jesús comienza su misión pública. Después del arresto de Juan el Bautista, Jesús no huye. Va a Galilea, un lugar sencillo, común, poco importante para muchos. Mateo nos dice que aquí se cumple la profecía de Isaías: “El pueblo que vivía en tinieblas vio una gran luz.”

Esa luz ahora tiene un nombre: Jesús.

El primer mensaje de Jesús es claro: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca.” Convertirse significa cambiar de camino, abrir el corazón a Dios. Inmediatamente después, Jesús llama a sus primeros discípulos.

Aquí vemos algo muy importante. En la tradición judía, normalmente el estudiante buscaba al maestro. Pero Jesús hace lo contrario. Él busca a sus discípulos. Camina por la orilla del lago y llama a personas concretas, por su nombre: Simón, Andrés, Santiago y Juan.

Jesús no obliga. Invita. Su llamada es libre, y la respuesta también debe ser libre. Esto nos enseña que Dios nos elige primero, antes de que nosotros pensemos en elegirlo.

Jesús los encuentra en su vida diaria. Están pescando, arreglando las redes, trabajando con su padre. Son personas normales. Jesús entra en su vida tal como es.

Esto es una buena noticia para nosotros. Dios nos llama en nuestra vida cotidiana, en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestra rutina.

Jesús no cambia quiénes son. Ellos son pescadores, y siguen siendo pescadores, pero con una nueva misión. “Los haré pescadores de personas.” Sus talentos no se pierden. Su propósito cambia. Cuando seguimos a Dios, no perdemos lo que somos. Dios usa nuestros dones para algo más grande.

Jesús los llama de dos en dos, como hermanos. Esto nos muestra que seguir a Cristo no rompe las relaciones humanas. Al contrario, las transforma. En Cristo formamos una nueva familia, unidos no por la sangre, sino por el amor.

El Evangelio dice algo muy fuerte: “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.”

Para seguir a Jesús, dejaron las redes, la barca y a su padre. Lo que antes era lo más importante, ahora pasa a segundo lugar.

Recordamos a la mujer samaritana. Cuando ella encuentra a Jesús, deja su cántaro junto al pozo. El cántaro era importante, pero después de encontrar el agua viva, ya no lo es.

Lo mismo pasa con los discípulos. Cuando Jesús entra en su vida, todo cambia.

Jesús hoy pasa también por nuestra orilla. Nos llama por nuestro nombre. No nos obliga. Nos invita.

La pregunta para nosotros es sencilla, pero profunda:

¿Cuáles son las redes que todavía no queremos dejar?

¿El miedo? ¿La comodidad? ¿El control?

Pidamos al Señor un corazón libre, un corazón generoso, un corazón valiente para responder a su llamada. Cuando seguimos su luz, no perdemos nada. Encontramos una vida más profunda y verdadera.

Que Dios nos bendiga a todos.

Amén

 Tomas Pallithazhathu

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