I DOMINGO DE ADVIENTO (A)| Estad en vela para estar preparados

Homilía del 30 noviembre 2025

 “Despierten: el Señor viene”.

Hoy entramos en el santo tiempo del Adviento. La palabra Adviento significa “venida”. La Iglesia nos invita a prepararnos para la venida de nuestro Señor. Pero podríamos preguntarnos: ¿No ha venido ya el Señor? Sí, Él ya vino en la historia por medio de su nacimiento en Belén. Sigue viniendo cada día a nuestra vida por su Palabra y por la Sagrada Eucaristía. Y, al mismo tiempo, la Iglesia nos recuerda que Él vendrá de nuevo en gloria en un momento que solo Dios conoce.

Por eso, el Adviento no es solamente un recuerdo del pasado, sino un tiempo de despertar espiritual, un tiempo de preparación y un tiempo de espera vigilante.

  • “Vengan, caminemos a la luz del Señor” – Primera Lectura

La primera lectura del profeta Isaías está llena de esperanza y visión. Él ve un futuro donde los pueblos caminan según los caminos del Señor, donde las espadas se transforman en arados, y donde la gente vive como hijos de la luz. Nos invita:

“Vengan, caminemos a la luz del Señor”.

El Adviento es precisamente esta invitación:

A salir de la oscuridad,

A salir del pecado,

A caminar en la luz de la gracia de Dios.

  • “Despierten de su sueño” – Segunda Lectura y la Conversión de San Agustín

En la segunda lectura de la Carta a los Romanos, San Pablo nos da una advertencia poderosa:

“Ya es hora de despertarse del sueño… la noche está avanzada, el día se acerca. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz… Revístanse del Señor Jesucristo”.

Este pasaje es famoso porque fue a través de este mismo texto que San Agustín se convirtió.

Agustín llevaba una vida mundana, corriendo de placer en placer, siempre buscando, nunca satisfecho. Un día, sentado en un banco en un parque, inquieto y confundido, escuchó una voz misteriosa que decía: “Toma y lee”. Tomó la Biblia, la abrió, y sus ojos se posaron precisamente en este pasaje de la Carta a los Romanos. En ese momento, la Palabra de Dios traspasó su corazón. Se despertó de su sueño espiritual. Ese día, un buscador de placeres comenzó un camino que lo convertiría en sacerdote, obispo y uno de los más grandes santos de la Iglesia.

Esto es exactamente lo que el Adviento quiere hacer con nosotros:

Despertarnos de nuestro sueño espiritual.

Muchos de nosotros vivimos cómodamente en la rutina:

  • Nos levantamos,
  • Vamos a trabajar,
  • Comemos, bebemos,
  • Celebramos, descansamos,
  • Dormimos de nuevo.

La vida exterior sigue su curso con normalidad.

Pero ¿qué pasa con nuestra alma?

¿Está viva… o dormida?

¿Arde con fe… o está cubierta de cenizas?

A veces el fuego de Dios todavía está dentro de nosotros, pero está cubierto por las cenizas del pecado, de la distracción, de la pereza espiritual y de la indiferencia. El Adviento es el tiempo de soplar las cenizas, para que el fuego de la gracia vuelva a arder con fuerza.

  • “Velen” – El Evangelio

En el Evangelio, Jesús nos da una seria advertencia:

“Estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor”.

En tiempos de Noé, la gente comía, bebía, se casaba, vivía su vida normal, pero no estaba preparada. Y de repente, llegó el diluvio.

Jesús no condena la vida cotidiana. Él nos advierte contra vivir sin conciencia de Dios, contra vivir como si este mundo fuera lo único que existe.

El Adviento es un llamado a despertar:

  • Despertar de la pereza espiritual,
  • Despertar del pecado,
  • Despertar de la indiferencia,
  • Despertar de vivir solo para este mundo.

 

  • Una Historia Real Sobre la Espera – El Corazón del Adviento

Quisiera concluir con una experiencia real de mi propia vida, que explica el verdadero significado del Adviento.

Cuando yo era estudiante de teología, un día nuestro director espiritual, un sacerdote español llamado Padre José Alfaro, me pidió que fuera a la estación de tren para recibir a un amigo sacerdote suyo que venía de Bangalore. Me dijo: “Tráelo aquí”.

Yo le pregunté: “Padre, ¿cómo lo voy a reconocer?”

Y en broma me respondió: “Lo reconocerás por cómo habla español”.

Después de clase, fui a la estación de tren. El tren debía llegar a la 1:15 de la tarde. Yo ya estaba hambriento, cansado e impaciente. Como es costumbre, llegó el anuncio: El tren se retrasa 15 minutos. Luego otro retraso. Y otro más. Finalmente, el tren llegó a las 2:20 de la tarde.

Con cada anuncio, yo estaba cada vez:

  • Más cansado,
  • Más hambriento,
  • Más enojado,
  • Más inquieto,
  • Más miserable.

Pero entonces noté algo muy extraño.

Había una joven sentada en un banco del andén. La estación no estaba muy llena ese día. Ella estaba radiante, alegre, llena de energía y en paz. Cada vez que anunciaban que el tren se retrasaba, ella abría tranquilamente su bolso, sacaba un pequeño espejo, se arreglaba el cabello, se ponía un poco de polvo… ¡y parecía aún más hermosa y feliz que antes!

Mientras yo me volvía cada vez más miserable con cada retraso, ella se volvía cada vez más alegre.

Finalmente, por curiosidad, me acerqué y le pregunté qué estaba pasando.

Ella me dijo:

“Estoy esperando a mi esposo. Nos casamos y solo diez días después él tuvo que ir al servicio militar. Hoy, después de un año entero, por fin regresa a casa”.

En ese momento, lo comprendí todo.

Ella no estaba esperando un tren.

Estaba esperando al hombre que amaba.

Yo también estaba esperando a alguien, pero a un desconocido, a quien nunca había visto antes, y cuya llegada hacía muy poca diferencia en mi vida.

Por eso:

  • Para mí, la espera era una tortura.
  • Para ella, la espera era una alegría.

 

  • El Corazón del Adviento

Y eso, queridos hermanos y hermanas, es el corazón del Adviento.

Si Jesús realmente hace una diferencia en mi vida, entonces:

  • Esta espera se vuelve gozosa,
  • Esta preparación se vuelve significativa,
  • Este tiempo se vuelve hermoso.

Pero si Jesús no hace ninguna diferencia en mi vida, entonces:

  • El Adviento se vuelve aburrido,
  • La Navidad se convierte solo en una celebración externa,
  • Y nada cambia dentro de mi alma.

Hoy la Iglesia nos pregunta:

  • ¿Quién es Jesús para mí?
  • ¿Lo espero con amor?
  • ¿O solo estoy esperando unas vacaciones más?

Conclusión

El Adviento es un tiempo de espera lleno de gracia:

  • Espera en la fe,
  • Espera en la esperanza,
  • Espera en el amor.

Despertemos de nuestro sueño espiritual.

Quitamos las cenizas que cubren el fuego de nuestra alma.

Revestámonos del Señor Jesucristo.

Y esperémoslo, no con miedo, no con aburrimiento, sino con anhelo gozoso, como la esposa que espera a su amado.

Que este Adviento transforme verdaderamente nuestro corazón.

Amén.

 Tomas Pallithazhathu

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